Antropología del Turismo.

Textos explicativos

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LAS HISTORIAS DEL TURISMO

Del libro: Antropología y turismo ¿Nuevas hordas, viejas culturas?. Autor: Agustín Santana. Editorial Ariel. Barcelona. 1997. Páginas: 18-25. 

Realicemos un escorzo histórico, rompamos la perspectiva del tiempo e imaginemos por un momento los mármoles idílicos de una villa del Adriático. Antiguos romanos pudientes, ciudadanos importantes del imperio que, huyendo del clima y la sofocante Roma dictatorial, se refugian al fresco estival de la brisa marina, con sus ropajes, animales, corte y esclavos varios. Saltemos en el espacio y en el tiempo buscando nuevos >viajeros= curiosos. Los que quieras. Por ejemplo, los cambios estacionales de vivienda de cualquier grupo nómada que busca algún antojo amazónico, desde una especie concreta de pez o un fruto a una sombra específica y ritual de un árbol, también, concreto. Sigamos en nuestro imaginario retablo y situémonos ahora en el Machu Pichu contemporáneo, un grupo de norteamericanos paseando (adornemos nuestra idea con guías, trajes >típicos= y algo de asfixia) por las ruinas de la civilización perdida o en las gentes de la jet que ven pasar el mundo desde la estereotipada fiesta de turno en cualquier mansión mediterránea.

)Qué les iguala? Probablemente realizar un desplazamiento >voluntario= y, al menos aparentemente, no obligatorio. )Qué les diferencia? Entre otras cosas, el que los segundos son turistas y los primeros no. El turismo es una manifestación de su tiempo, de una realidad socio-económica e histórica en general, y acercarse a su cronología exige identificar sus orígenes, pero no por la vinculación inmediata y directa al desplazamiento, ni siquiera, al viaje para el disfrute del tiempo de ocio. Si lo que pretendemos es tratar de conocer las condiciones que hicieron posible el turismo tal y como actualmente se practica, no es necesario recurrir a lejanos momentos del pasado. Más bien, podríamos quedarnos en las estructuras urbanas de la Europa industrializada del noroeste y la costa oriental estadounidense, y en un tiempo más cercano, la segunda mitad del siglo XIX.


Las fechas e identificación de los primeros servicios relacionados con el turismo poseen un valor histórico muy variable. Es por ello que en principio, teórica y metodológicamente, hay que delimitar el turismo a aquellos desplazamientos que impliquen una mentalidad colectiva y de consumo. En este sentido, tienen significado muy distinto el escritor que viaja por placer, describiendo el entorno, de los miles de ingleses anónimos en su viaje por los Alpes Suizos o la Riviera francesa, y los millones de >ociosos= que ocupan las infraestructuras actuales del Gran Mediterráneo. Es por tal variabilidad que consideramos que se debería adoptar, convencionalmente,  para su tratamiento un planteamiento centrado en un doble aspecto:

(11) El turismo se inserta dentro de las necesidades de expansión económica, social, cultural, política y psicológica de las sociedades occidentales u occidentalizadas, pues sólo éstas vienen siendo sociedades de concentración y de formación de los excedentes necesarios, potenciando el desarrollo de las comunicaciones y los desplazamientos humanos colectivos, no forzados, como válvula de escape a su propio estrés.

(21) En lo que al turismo se refiere, y como forma posible de ocupación de los ocios, hay que reservar para él aquellos desplazamientos colectivos que son realizados >libremente=, por placer, recreación o simple deseo de estancia.

El turismo, tal y como hoy lo entendemos tiene su origen en la curiosidad, el esnobismo, la enfermedad y la búsqueda de climas diferentes (no siempre más benignos), pero logra establecerse cuando algunas personas emprendedoras comienzan a cobrar por prestar un servicio que no sólo facilita el desplazamiento sino que, además, lo decora con actividades concretas. Tales son los casos, bien conocidos, de Thomas Cook o William Cody (Bufalo Bill). Cook, fundador de la primera agencia de viajes organizada, la Thomas Cook and Son, y, como empresa, creadora de los cheques de viaje (travellers cheque) en 1874, inicia la actividad turística organizada, promoviendo y dando publicidad a excursiones en tren por Inglaterra (1841) para posteriormente, coincidiendo con la Exposición Mundial de París (1855), saltar al continente. Búfalo Bill, con una reputación ya consolidada como explorador, guía y cazador, trabaja para la Union Pacific Railroad (1867-68), animando a la caza de búfalos como valor añadido al viaje en tren. Posteriormente, 1883, organiza la primera exhibición sobre el Salvaje Oeste, donde se escenificaba toda la mitología del la conquista, decorada con búfalos, caballos, indios y vaqueros.

Lo más importante de estos dos emprendedores personajes, dentro del espíritu del liberalismo capitalista y con el desarrollo de la emigración, es el paso de la idea de desplazamiento y la del romanticismo de la historia contemporánea, a una concepción comercial y mercantil de las mismas, creando empresas cuyo fin ya no radica exclusivamente en el transporte sino también en la ocupación publicitada del tiempo de ocio.


De otra parte, íntimamente relacionado con el desencadenar del turismo, hay que subrayar el papel desempeñado por escritores y publicistas que hicieron posible la formación de una >mentalidad colectiva= que motivó desplazamientos para reconocer lo >extraño=, lo >desconocido=, la diversidad de las realidades humanas auténticas, pintorescas y excéntricas a los ojos de aquellos centros emisores. Las Memorias de un turista de Stendhal o los Viajes en mi tierra de Almeida Garret corresponden no sólo a la identificación de los nacionalismos románticos sino también a los desencadenantes de la >peregrinación=, dando origen al gusto y a la sed de conocer lugares distantes del entorno propio, buscando lo auténtico y posibilitando el conocimiento del folk dentro de auténticas folkways. Pero, históricamente, este soñar una realidad diferente de la nuestra dio origen a la optimización de actitudes prácticas. Así, para poder viajar más fácilmente y con un máximo de beneficio, se publican itinerarios y guías de viajes. Es decir, el ensueño da origen al indicador, y las posibilidades de desarrollo colectivo de los desplazamientos acompañan a las transformaciones de la estructura de las sociedades europeas del nordeste en sus relaciones con el Gran Mediterráneo.

Así pues, el desarrollo acelerado del turismo sólo comienza a partir de los años setenta del siglo pasado en toda Europa y, para ello, fue necesario que se constituyera en Europa una clientela capaz de disponer de ahorro y excedentes para dedicarse al ocio. El enriquecimiento de las burguesías alemanas, inglesa y francesa es un hecho común al proceso de industrialización de estas sociedades, uniéndose estos burgueses-negociantes a la aristocracia que ya visitaba el mundo. Este deseo de viaje estaba socialmente reforzado en Inglaterra por las condiciones climáticas de su insularidad y en Francia o Alemania, por las crisis sociales resultantes de las guerras de 1870. Es evidente que en este periodo los desplazamientos colectivos son facilitados por el desarrollo de las grandes compañías de transporte que buscan clientes por todos los medios. Sin embargo, hay que tener presente que estamos hablando de una clientela de ingresos elevados y que dispone de tiempo para el ocio.


De otra parte, si en su tiempo el siervo de la gleba tiene en la romería la única posibilidad de viaje, a fines del siglo XIX las posibilidades de ocio de la clase trabajadora sólo existen dominicalmente bajo la forma de excursión pedestre o en bicicleta (costumbre que dará lugar a los primeros Touring Clubs en Francia). Tal situación no cambiará hasta los años treinta, en que las luchas sindicales conquistan las vacaciones pagadas. Pero, mientras tanto, la realización práctica de los viajes será potenciada por el desarrollo del automóvil y de la moto, que se añade a la intervención publicitario-propagandística de una prensa selecta y especializada, que ofertan aún viajes no asequibles al cliente-trabajador. Se crean así las organizaciones de grupos de posibles clientes trabajadores para facilitar los viajes de sus socios, enmarcadas en la dinámica de la >conquista del ocio=, considerado como un elemento reificador de la personalidad (en el sentido de la recuperación física, mental o cultural), dando un carácter político e ideológico a esta fase de la historia del turismo.

Es a partir de aquí que, con el aumento creciente de un turismo de masas, el público pasa a ser más sensible a la calidad de los viajes y a las facilidades económicas propuestas, abandonando las superestructuras ideológicas. Aún hoy, el turismo como actividad ociosa, es considerado un lujo. Y si bien ya no podemos referirnos al turista, al menos exclusivamente, como aquellos aventureros y jóvenes educados del siglo XVIII, hasta hace relativamente poco tiempo la participación en esta actividad estaba restringida a un grupo de individuos selecta que podían invertir tiempo y dinero en afrontar un viaje con grandes dificultades de desplazamiento y hospedaje. Con la pérdida de ese turismo privilegiado caen también los míticos objetivos del aumento de la erudición, los deseos de prestigio y la búsqueda de la fortuna, surgiendo los atributos que paralelamente estaban asociados a él, la diversión y el placer por el ocio mismo que se extienden a capas sociales más extensas.

Aún entonces, si bien se diversifica el origen de los viajeros y se suman nuevas clases sociales (Vera Galván, 1984:328), este tipo de viajes estaba reservado a las gentes adineradas y los lugares elegidos eran preferiblemente de interior, estaciones de invierno y balnearios, lugares tranquilos, muchas veces recomendados como medida terapéutica, donde seguir manteniendo el mismo tipo de relaciones de clase, donde nada, salvo el sosiego del campo, variaba. No se vislumbraba todavía el cambio más allá de lo cuantitativo que supondría la conquista de las >vacaciones= por las clases populares de los países donde predominó la economía de mercado. Los viajes siguen siendo un elemento de la vida social, económica o psicológica de la sociedad generadora en que se inscriben (Defert, 1960:21), pero entran en juego nuevos elementos artificiales que convierten al turismo como un objetivo en sí mismo, como un negocio englobado en una historia general del desarrollo económico europeo, en el que el ocio revierte en explotación casi >industrial= y toma una importancia económica y sociocultural considerable para la economía de los países, tanto emisores como receptores.


Con el advenimiento del turismo de masas, unos cinco años después de la Segunda Guerra Mundial y como uno de los resultados de la explosión económica de Europa y Estados Unidos (Fernández Fuster, 1985:14), prácticamente todas las clases sociales tienden a practicar el turismo. Este es considerado como un bien más de los que se pueden alcanzar, convirtiéndose en un hecho significativo en la vida de la gente contemporánea (Nash, 1987:2; Mathieson y Wall, 1986:1), principalmente de aquellos que desarrollan sus actividades en concentraciones urbanas de países industrializados. Tal tendencia pronto es absorbida por el sistema capitalista y entra en su fase de >industria de servicios=, siendo controlada por agencias o tour operadores que dirigen y manipulan la oferta y demanda turísticas. Según Jurdao Arrones (1983:23), este sustancial cambio de lo que él denomina Aturismo preindustrial@ al Aindustrial@, ha sido posible gracias a la conjunción de una serie de factores, algunos de los cuales ya hemos indicado:

(a) Crecimiento económico de los países capitalistas.

(b) Modernización y facilidad de acceso a los medios de transporte de viajeros, principalmente el coche y el avión.

(c) Proceso mundial de concentración urbana.

(d) Liberalización del movimiento de personas entre los países capitalistas.

(e) Vacaciones pagadas a la clase trabajadora.

(f) Relativa estabilidad político-social en los países emisores y, en la mayoría de los casos, en los receptores.

Por otra parte, algunos autores, como MacCannell (1976), Fernández Fuster (1985) o Jafari (1987), buscan las causas fundamentales del turismo de estas masas urbanas, en el deseo de ruptura de la rutina diaria y la libertad de escoger una vida distinta -aunque temporalmente limitada. Las vacaciones, punto de referencia fundamental en el estudio del desarrollo turístico, y la esperanza de disfrutarlas plenamente Acontribuyen a la integración social del moderno sistema laboral y de la sociedad organizada en torno a él, proporcionando una válvula de seguridad para satisfacer las pulsiones potencialmente perturbadoras@ (Duysens, 1987:9). Abundando en ello, Jafari (1987:15-6) anota Ael sistema, a la vez que se sirve o se ocupa de su gente (los trabajadores), ha pasado por encima de todos ellos -ellos trabajan para el sistema. A medida que actúa, va absorbiendo física y mentalmente a sus trabajadores. Pero éstos cuando estén agotados no rinden con efectividad. Por eso el sistema tiene que añadir subsistemas recreativos (satélites) a modo de tratamiento de las >extenuaciones= o los >vacíos= que se acumulan a lo largo de la corriente principal ordinaria (...). Cuando concluye este procesado, estos trabajadores (...) están preparados para volver a desempeñar sus cometidos dentro del sistema principal@.

Pero como veremos, si bien podemos delimitar las circunstancias para el desarrollo del turismo, sus características, sus consecuencias, etc., los problemas acerca de su definición y las escasez de estudios sistemáticos sobre el turista, imposibilitan o convierten en especulación la delimitación estricta de las causas del turismo. Mario Gaviria (1978:53), obviando las causas, prefiere referirse a las condiciones que esta actividad requiere para su desarrollo, esto es, una tecnología medianamente simple (Rodríguez Martín, 1985:242), que conlleva:


(a) Disponer de elementos técnicos para la construcción rápida de infraestructura urbana y turística.

(b) Disponer de mano de obra abundante, infraempleada, barata, dispuesta a servir pero lo suficientemente educada o educable para seguir las pautas de conducta del turista.

(c) Disponer de un exotismo diferencial suficiente, pero sin rayar en lo extraño o no familiar, esto es, el turista espera encontrar lo mismo que en su país pero con una apariencia diferente.

(d) Disponer de un urbanismo en el que el turista pueda desenvolverse sin agobio o, al menos, suelo suficiente para su edificación.

Reuniendo tales condiciones, el desarrollo del turismo en cualquier área sólo depende de los promotores y algo de colaboración nativa. Pero a muchos les ha llegado sin ser esperado, sin preparación ni >protección= contra esa invasión muchas veces deseada por algunos. De esta forma, el turismo, que en principio fue visto como una >fuente renovable de recurso industrial=, con visitantes que eran retratados como admiradores -no consumidores- de los paisajes, costumbres y monumentos de las áreas de destino, pasa a ser considerado (sin abandonar la idea anterior) como un competidor sobre los mismos recursos y capital de otras áreas de destino y se convertía, como factor casi indispensable de su proceso de producción, en consumidor de suelo. Es decir, de pronto se comienza a caer en la cuenta que, como cualquier otra actividad económica de carácter extensivo, la actividad turística requiere de una importante labor sobre el planeamiento y la gestión.


Este paso, que reconocía implícitamente que el turismo de masas es algo más que el simple incremento de visitantes y que significa el incremento espectacular del volumen de servicios y negocios de un mercado altamente capitalizado y un compromiso administrativo de gran alcance, fue indudablemente de un valor incalculable para la propia actividad, pero dejó en el olvido a la sombra creciente que cubría tanto a los sectores económicos tradicionales como al entorno natural y sociocultural. Consecuentemente a este nuevo desarrollo, se puso un especial énfasis en el crecimiento y la promoción de los destinos, dejando al margen los aspectos que atañen a su control. Esta situación, que mantiene sus secuelas hasta la actualidad, es la que ha hecho que el turismo Asea mejor conocido en sus aspectos estadísticos y económicos que sociológicos@ (Prod'home, 1985:21) y, mucho menos, antropológicos. Así, como resultado del desarrollo administrativo y académico del turismo, las investigaciones sobre la economía de la actividad han ido más allá de la documentación y descripción de los beneficios económicos, llegando a la medida de impactos económicos secundarios, al perfeccionamiento de las técnicas de análisis de los datos de viaje o a la iniciación de investigaciones sobre los costos económicos del turismo (Mathieson y Wall, 1986:37).

Desde las ciencias sociales, los estudios sistemáticos del turismo (Cohen, 1984:373-4) se originan en el continente europeo, que fue la primera región que experimentó el impacto del turismo de masas, siendo H.J. Knebel en 1960[1] el que publicó el primer trabajo largo desde la sociología. Pero el estudio del turismo con intereses antropológicos y sociológicos, tomado por algo más que lo meramente exótico, llega en la década de los 70 con la tipología de Cohen (1972) y la primera síntesis teórica de MacCannell (1973). Desde la mitad de los 70 el campo de estudio experimenta un rápido crecimiento que se representa con un importante incremento de las publicaciones y revistas. Son textos a destacar en esos primeros momentos los de Young (1973), Turner y Ash (1975), MacCannell (1976), Noronha (1977), Smith (1977) y de Kadt (1979), algunos de los cuales han sido traducidos como: V. Smith (ed.) AAnfitriones e invitados@ (1977, 1989), E. de Kadt ATurismo: )Pasaporte al desarrollo?@ (1979)  y L. Turner y J. Ash  ALa horda dorada@ (1979), a cargo de la editorial Endymion entre los años 1990 y 1993.


De la parte de estudios que corresponden, siempre con matices, al campo de la antropología[2], los esfuerzos de los investigadores pueden ser sintetizados, como apunta Duysens (1987:2) en dos líneas que comportan, por un lado, el intento de esbozar las dimensiones económicas, sociales y culturales de la sociedad en estudio, dibujando una imagen pretendidamente holista de la sociedad antes de la transición; y, por otro, relacionar la dinámica de la sociedad anfitriona con una tipología concreta del turismo que se desarrolla en ese contexto.Son este tipo de trabajos los que mayoritariamente analizan tipos específicos de impacto en exclusión de otros, partiendo de que el turismo puede desarrollarse de diferentes maneras y que procesos similares pueden dar lugar a muy diferentes impactos cuando los contextos son diferentes (Pearce, 1986:43). De esta forma, mientras que en el estudio de sectores como la agricultura o la industria, se puede llegar al establecimiento de modelos generales de desarrollo, para el turismo no podemos referirnos a un solo tipo de modelo (Pearce, 1986:2), problema que sólo puede ser superado por el establecimiento de un marco de coincidencia en torno a una serie de características que lo identifican y ayudan a su definición conceptual, por otra parte, como veremos, confusa.

Tales características (Mathieson y Wall, 1986:38-9; Pearce, 1986:51) se establecen en:

(a) El turismo es una industria invisible de exportación altamente inestable, estacional y, como producto, no almacenable.

(b) El turismo es un producto fragmentado, integrado con y directamente afectado por otros sectores de la economía.

(c) El turismo implica casi directamente vacaciones o tiempo de ocio, este hecho crea grandes diferencias entre el sujeto de la actividad y el 'anfitrión', estando además marcadas sus relaciones por su carácter transitorio y desigual.

(d) La naturaleza estacional del turismo tiende a ser más desorganizadora que la mayoría de las actividades constantes durante todo el año, creando fluctuaciones en el empleo y exacerbando las tensiones que existan entre los grupos anfitrión-anfitrión, anfitrión-huésped.

(e) Las motivaciones del turista son altamente complejas, muchas veces incompatibles, y varían enormemente según el tipo de turismo.

(f) El turismo tiene unos beneficios y unos costos elásticos, pero siempre las señales externas de su desarrollo serán más manifiestas que en los debidos a otras fuentes de ingresos y gastos.

Estos puntos, además de los puramente administrativos y de gestión, han sido tratados ampliamente y desde una visión interdisciplinar en tres importantes revistas: Annals of Tourism Research, Perspectivas y Estudios en Turismo y Tourist Management. Entre ellas, no podemos menos que alabar el trabajo realizado por los editores de la revista Perspectivas y Estudios en Turismo que, siguiendo la línea de la revista interdisciplinar pionera Annals of Tourism Research pero centrada sobre todo en América del Sur y Centro América, ha servido de punto de encuentro a investigadores de habla hispana. En ella, además de los artículos de base,  presenta varias secciones fijas: >Documentos especiales= que incluye trabajos de investigación y ensayos que se consideren de especial interés, >Crónica de eventos= donde se ofrecerá una síntesis de lo ocurrido en reuniones de carácter nacional e internacional, >Reseñas de publicaciones especializadas=, una >guía de publicaciones=, y una >agenda turística= sobre los próximos congresos y reuniones de estudiosos del turismo.



[1]           El primer artículo científico social sobre el sujeto del turismo fue escrito en 1899 por L. Bodio, bajo el título "Sul movimento dei foresteri in Italia e sul dinero chi vi spendono" (G. Econ. 15:54-61). Y el primer escrito específicamente sociológico sobre el turismo lo fue en alemán por L. von Wiese en 1930, que lo tituló "Fremdenverkehr als zwischenmenschliche Beziehung" (Arch. Fremdenverkehr 1(1)) (Tomado de Cohen, 1984:373).

[2]            AAfortunadamente para el crecimiento de los estudios de turismo, los científicos sociales con interés en este campo han desarrollado sus investigaciones sin tener muy en cuenta las fronteras entre las distintas materias@ (Nash, 1987:2), si bien cada una de las ciencias sociales tiene su punto de vista.

 

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©Agustín Santana Talavera

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