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ACERCAMIENTOS, TIPOLOGÍAS Y DEFINICIONES
Del libro: Antropología y turismo ¿Nuevas hordas, viejas culturas?.
Autor: Agustín Santana. Editorial Ariel. Barcelona. 1997. Páginas:
27-29.
Imaginemos
una paradisíaca playa de la costa Yucateca: arena, sol,
palmerales hasta el mar, las ruinas de un imperio a orillas de un
Caribe transparente. Imaginemos la gran urbe cultural parisina
donde los museos, los espectáculos y los cafés marcan el tiempo
cotidiano, un mimo jugando con un insecto inexistente observado
desde cualquier mesa, en cualquier terraza guarnecida por flores
multicolores. Traspasemos ahora el umbral, recorramos el pasillo
hasta la puerta trasera y ojeemos: los yucatecas no viven subidos
a las palmeras, muchos trabajan para que éstas se mantengan,
otros ni siquiera pueden trabajar y mendigan en las calles
adornadas de hoteles y restaurantes. Los parisinos son pocos, los
inmigrantes muchos; los museos se sostienen con los sangrantes
impuestos; el mimo se está ganando el pan y las flores son de plástico.
Para algunos, el turismo es siempre bienvenido como
una industria que trae necesariamente una fuerza de cambio
y empleo. Sus ingresos y desarrollo potencial son ampliamente
reconocidos y su propósito expansionista, tanto de un modelo económico
determinado como de una forma o estilo de vida asociada a tal
modelo, ha sido llevado a cabo tanto por empresarios individuales
como gobiernos, pasando por macro-empresas de tipo multinacional,
quedando este hecho reflejado en la proliferación de
departamentos gubernamentales de turismo y de asociaciones
empresariales que contribuyen a, y obtienen beneficios de, la industria
del turismo. Para otros, el turismo lleva consigo un acelerado
proceso de destrucción del estilo de vida tradicional, unas
relaciones de explotación neocolonialista cargadas de un fuerte
componente inflacionario y, lo que consideran más grave, la
sobredependencia de una actividad inestable.
Dos estampas, dos puntos de vista, de ensueño unas,
de pesadilla otras. ¿Cuál es cierta? Probablemente ninguna. Ambas
son simples invenciones, en un caso, opciones radicalmente
contrapuestas, en otro. Sin embargo, muchos de los trabajos
realizados sobre el turismo en las décadas sesenta y setenta iban
encaminados por estas posturas de bienvenida y rechazo, que habían
ido tomando forma desde los inicios de las investigaciones sobre
turismo. Se las conoce por conceptualización optimista y
pesimista (Lea, J., 1988:10).
La primera, la conceptualización optimista
(dominante en la década de los 60), ofrece una clasificación del
turismo en términos de sus partes funcionales sin armonización,
el turismo es tomado como una industria más a la que se le
intenta sacar el máximo beneficio en el menor plazo de tiempo
posible, considerando cada elemento con independencia del resto.
El turismo se conforma así como un poderoso y beneficioso agente
de cambio, tanto económico como social, estimulando el empleo y
la inversión, modificando el uso de la tierra y la estructura
económica, con lo que la contribución positiva a la balanza de
pagos de los países receptores en todo el mundo lo justifica
plenamente.
La aproximación pesimista del turismo
(dominante en la década de los 70), parte de la premisa de que el
turismo lleva aparejado un modelo cerrado que lo equipara a las
formas históricas de colonialismo y dependencia económica,
perpetuando las desigualdades existentes. El turismo de este modo
parece exacerbar la división existente en las comunidades (Greenwood,
1977:129), puesto que, paralelamente, se suman a tales
desigualdades las producidas por las estrategias de desarrollo de
las distintas unidades productivas propias del lugar escogido como
destino. Desde el punto de vista pesimista de los estudios del
turismo se entiende que, acompañando a los extendidos beneficios
económicos, hay una gran variedad de costos físicos y sociales
no cuantificados (Mathieson y Wall, 1986:42) que pueden ser de
suficiente magnitud para aportar argumentos contra esa expansión,
es decir, que el turismo Ano es la panacea de desarrollo que unos
pocos planificadores apresurados proclamaron@ (Greenwood,
1977:129).
Jafar Jafari (1994:13 y ss) identifica, además, dos
nuevos grupos que surgen ya en la década de los 80. El primero de
ellos, la plataforma de adaptación, se nutre de las
perspectivas anteriormente expuestas, buscando alternativas de
desarrollo turístico basadas en las necesidades y entornos de los
anfitriones. Éstos, con resultados más o menos afortunados, se han
mostrado como una respuesta parcial a los aspectos consecuenciales
del desarrollo turístico y, prácticamente nula en lo que se
refiere a crear un medio teórico. Por último, y en segundo lugar,
la plataforma basada en el conocimiento, ha conformado el
estudio del turismo como una multidisciplina deudora de todas las
ciencias sociales, aunando gradualmente perspectivas y posiciones,
teorías y técnicas de investigación.
Más o menos claramente diferenciadas en estas
visiones, cronológicas pero no excluyentes (Smith y Eadington,
1992:10), las investigaciones sobre el turismo hacen hincapié en
cuatro áreas temáticas principales (Cohen, 1984:376): el turista y
las áreas generadoras del turismo, las relaciones entre turistas y
locales, la estructura y funcionamiento del sistema turístico, y
las consecuencias o impactos del turismo. Dependiendo de éstas, los
investigadores del turismo han establecido diferentes criterios, órdenes
de prioridad, clasificaciones y conceptualizaciones de la actividad
que constituyen, en gran medida, el punto de partida de los estudios
realizados en los noventa y, deseablemente, deberían guiar, con la
crítica prudente y argumentada, los análisis futuros.
(ver esquema)
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