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LAS TIPOLOGÍAS: NECESIDAD Y CRITERIOS
Del
libro: Antropología y turismo ¿Nuevas hordas, viejas culturas?.
Autor: Agustín Santana. Editorial Ariel. Barcelona. 1997. Páginas:
29-46.
Una serie de circunstancias paralelas al hecho turístico,
tales como la evolución y abaratamiento de los medios de transporte
o el aumento del tiempo libre en los países industrializados, han
potenciado el movimiento de una ingente masa humana, cuantificada
por la Unión Internacional de los Organismos Oficiales de Turismo
en 250 millones de personas para 1985 y en 500 millones en 1993 por
la UNESCO. Estas cifras, que superan la de los trasvases controlados
de fuerza de trabajo, las migraciones laborales tradicionales, son
de por sí indicativas de la importancia, tanto económica como
sociocultural, de la actividad, que se ha conformado como una parte
integral y fundamental del Producto Interior Bruto de muchas
regiones del Sur.
Sin embargo, el mero crecimiento numérico no nos aporta información
sobre cuestiones como, por ejemplo, el desembolso que ha supuesto su
organización y acomodación, ni sobre las reestructuraciones que en
las áreas de destino han tenido que realizarse, ni sobre las
variaciones, efectos y consecuencias positivas o negativas de su
desarrollo.
Planteémonos como ejemplo previo una pregunta ¿es lo
mismo, para una investigación en antropología, un turista
extranjero que exclusivamente disfruta del entorno creado para él
que otro que rompe el programa marcado y se introduce entre los
locales? Evidentemente no. Ambos podrán mantener una serie de
estereotipos y pautas de comportamiento aproximadamente comunes; el
primero puede formar parte de un gran grupo de viajeros y el segundo
arribar a la zona con unos pocos compañeros de viaje. Pero )cuál
de ellos causa menos impactos en el área? ¿cuál tiene mayor
influencia sobre los modos de vida locales? Imaginemos que estamos
realizando un estudio de caso en un pequeño pueblo dependiente económicamente
de una serie de actividades tradicionales y de un centro turístico
localizado. ¿Será el número mayor de visitantes el que condicione
de un modo u otro a los locales? ¿podrá ser la frecuencia de los
encuentros entre los anfitriones y los visitantes de uno u otro
tipo?
Puesto que los hechos demuestran que esas personas
ociosas que viajan no tienen, en la mayor parte de los casos, ni
procedencia socioeconómica común, ni culturas homogéneas, ni
comportamientos similares, el análisis de aquéllas y otras
cuestiones pasa necesariamente por acordar, convencional y metodológicamente,
una categorización global de los visitantes, de manera que podamos
acotar grupos y establecer patrones de comportamiento diferenciales
que pudieran caracterizar diferentes modos y modelos de actividad
turística y, consecuentemente, tipos de impacto, el grado de
influencia, que puedan ocurrir sobre la comunidad local de destino y
su entorno físico. Está claro que la existencia de ese esquema
clasificatorio, por definición comprensivo y global, no es esencial
para resolver los problemas que genera el turismo, pero una base
sistemática para la discriminación entre diferentes formas de
turismo (Pearce, 1994:22) podría no sólo proveer de unos cimientos
firmes para explorar los aspectos más controvertidos del turismo,
sino que además podría ayudar a establecer, a largo plazo, un
terreno común sobre el que se unificaran criterios y aproximaciones
teóricas al estudio del turismo y su desarrollo.
Sin embargo, una vez planteado el porqué de realizar
esta clasificación nos queda en el aire otra pregunta de difícil
respuesta y de poco tratamiento bibliográfico: ¿por qué razón
producen las sociedades distintos tipos de turistas y por qué se
diferencian los distintos estilos de turismo que practican?, es
decir, ¿por qué un alemán escoge preferentemente las áreas de
costa y las islas? ¿por qué el turista europeo consume de forma muy
limitada productos del área de destino? ¿por qué unos ignoran las
montañas y se asombran con un río o un lago? ¿por qué algunos
prefieren los viajes organizados y otros no? ¿por qué unos viajeros
son atraídos por la naturaleza salvaje y otros por las ruinas del
pasado? Dean MacCannell (1976) considera que para encontrar
respuesta a esta cuestión hemos de referirnos a la base misma de la
sociedad moderna, en ésta los individuos tienden a llevar una
existencia artificial y a sentir falta de autenticidad en sus vidas.
La búsqueda de la autenticidad es comercializada, perfectamente
canalizada por la empresa del ocio, que la convierte en objeto de
consumo a través de los encuentros turísticos que operan a gran
escala y bajo una amplia variedad de formas en diferentes
circunstancias (Greenwood, 1977:129).
El turismo, entonces, se conforma como una respuesta
al estrés y la uniformidad de la vida urbana, significando un cambio
en el estilo de vida de los turistas potenciales, es decir, los
trabajadores mayoritariamente urbanos, que se acomodan temporalmente
a un nuevo estándar, con diferentes expectativas, demandas y
necesidades. Así, siguiendo a Graburn (1983), sin tratar de ser
exhaustivos, podemos contar con una serie de factores, emanados de
la cultura dominante en la sociedad o subsociedad de que se trate,
de tipo infraestructural (tales como relaciones sociales, relaciones
productivas, estructura política, posición socioeconómica, etc.)
y superestructural (arte, filosofía, religión, etc.), que se
encuentran en continua relación. Sin embargo, son los factores
infraestructurales, los estándar
de vida, los que en último término van a enmarcar y, hasta
cierto punto, conducir los diferentes comportamientos de los
individuos convertidos en turistas y a través de los cuales podemos
establecer patrones o modelos que los distingan. Éstos nos sugieren
elementos de reflexión acerca de temas como porqué las
expectativas de ocio, vacación y turismo generadas por los
integrantes de una determinada sociedad no coinciden con los de otra
(compárese por ejemplo el español medio con el inglés, o el
norteamericano con el sudafricano), o porqué se necesitan reforzar
ciertos estereotipos sobre destinos en algunas sociedades a través
de campañas publicitarias, tarjetas postales, etc. (el Caribe
virgen, las islas Seychelles, el desierto y su historia, o las
ciudades monumentales europeas para el turista alemán), directamente
relacionados con la actuación del propio sistema turístico sobre
las sociedades generadoras.
Con todo, debemos partir de dos premisas
fundamentales: (1) que con la modernización (postmodernización)
-con la diferenciación social que conlleva- de las sociedades
occidentalizadas se ha dado un incremento de la diversidad
turística
(Nash, 1994:219), incluyendo en ésta tanto a los productos turísticos,
como a los tipos de turistas y formas de turismo; y (2) que con el
desarrollo de estas mismas sociedades, principales generadoras de
turistas, seguirán surgiendo espontaneamente nuevas formas de
turismo al margen de las que el propio macrosector trate de
introducir. Ello nos lleva a plantear las tipologías como
categorizaciones marco que, siempre y en todos los casos, según los
intereses de la investigación, deberán ser testeadas, actualizadas
y corregidas, por lo que no es sorprendente que no exista, aunque
sea teóricamente deseable, un acuerdo universal, una tipología única
que diferencie entre turistas y turismo.
En 1992, Douglas G. Pearce (1994), revisando el
concepto de >turismo alternativo=, llevó a cabo un repaso a las
diferentes clasificaciones realizadas. Desde su punto de vista han
sido escasos los escritos que han intentado identificar y clarificar
los diferentes tipos de turismo, refiriéndose la mayoría de los
realizados a los casos de estudio concretos, sin intentos de
comparación y generalización y, por tanto, sin ofrecer la
posibilidad de generar un método analítico potente, aplicable a
cualquier área geográfica. En la mayor parte de los estudios
analizados por el autor, no se justifican suficientemente las
variables utilizadas en la clasificación y rara vez aparece un
nuevo tipo, no incluído en las primeras tipologías. En su artículo,
Pearce identifica la variables que han sido consideras más
relevantes para el diseño de la tipología del turismo. Éstas son:
contexto, instalaciones (tipo, escala, calidad, servicio y precio),
localización (localizado/extensivo, aislado/agregado),
promotores/propietarios (origen y tipo, actitudes y motivos),
proceso de desarrollo (requisitos, tiempo, planificación, proceso,
forma), mercado y promoción (origen de los turistas, otras características
de los turistas, promoción y viaje organizado) e impactos.
Asociadas parcialmente a alguna de tales variables, Pearce
relaciona unas cincuenta tipologías, lo cual refleja la extrema
complejidad de la actividad y las múltiples facetas que toma el
turismo, conduciendo a los investigadores a concentrarse sobre
aspectos particulares.
Fundamentalmente, y salvo investigaciones de carácter
muy específico, las tipologías de uso más común para los antropólogos
y sociólogos, dado su objeto de estudio, son las basadas (A) sobre
la estructura espacial del desarrollo turístico (análisis de los
usos de los espacios) y (B) sobre el rol desempeñado por el turista
(análisis de actividades, encuentros e impactos).
(ver
esquema resumen de tipologías)
Tipologías
centradas en la estructura espacial del desarrollo turístico.
Pearce, en 1981 (1986:13-22) ofrece un
análisis de tres tipologías (Barbaza, 1970; Peck y Lepie,
1978 (1989); Préau, 1970) y una cuarta propia, centradas en las
distintas formas que toma el desarrollo turístico y la división de
responsabilidades en el mismo. Las primeras dos tipologías
revisadas por el autor están circunscritas, en gran medida, al
desarrollo en entornos locales y regionales concretos, refiriéndose
a desarrollos de turismo de costa, mientras que la tercera, centrada
en el análisis del turismo alpino (los Alpes Franceses), sugiere
una clasificación más general basada en la división de
responsabilidades en el proceso de desarrollo.
(A) Barbaza (1970), trabajando sobre el
Mediterráneo y el Mar Negro, propone tres tipos diferenciales de
desarrollo según: (a) el tamaño y extensión de la población
local existente, así como la vitalidad y diversidad de sus
actividades antes de la introducción del turismo; (b) la naturaleza
espontánea o planificada de las instalaciones existentes; y (c) la
naturaleza localizada o extensiva del área turística. Tales tipos
se concretan en los denominados desarrollo espontáneo (Costa
Brava y Riviera Francesa), desarrollo planificado y localizado
(Mar Negro) y desarrollo extensivo (Languedoc-Roussillon
francés).
En la Riviera y en la Costa Brava, Barbaza identifica
un tipo de desarrollo que surge espontaneamente dictado por la
demanda de áreas de costa con un clima cálido. En la primera,
éste es llevado a cabo en dos fases, una inicial donde la
estacionalidad es muy marcada (invierno) y en la que a lo largo de
la costa van surgiendo villas de recreo para el solaz de las clases
pudientes, y una segunda, más anárquica, en la que se rompe la
estacionalidad y se populariza el área, con la construcción de una
banda costera entre los núcleos ya existentes. El desarrollo de la
Costa Brava adolece de la fase aristocrática, iniciándose por una
ocupación agrícola-pesquera, sobre la que, con posterioridad a la
Segunda Guerra Mundial (SGM), recae la demanda de un turismo de
veraneo. Al preceder la demanda al equipamiento del área, se
produce una suerte de construcción totalmente anárquica que
degrada el entorno y reorganiza espacial y socialmente la región,
constituyéndose como una unidad funcional y permitiendo la
continuidad de algunas labores tradicionales.
Muy diferenciado de los casos anteriores, el litoral
del Mar Negro (Rumanía y Bulgaria) fue planificado y organizado en
un plan de los gobiernos socialistas posteriores a la SGM cuya
finalidad era la expansión turística orientada tanto hacia el
extranjero como hacia el turismo social interior. Este desarrollo,
consciente y cuidadosamente calculado, contó además con la
propiedad colectiva de la tierra, con lo que los efectos sobre los núcleos
de población local y sus actividades fueron mínimos.
Con el caso del Rousillon francés ilustra Barbaza su
tercera categoría. En éste, a partir de unos pequeños núcleos
locales, con carácter privado se inicia en la década de los
sesenta una operación de desarrollo extensiva que incluyó no sólo
la construcción de nuevos complejos sino también la expansión de
los ya existentes, tratando de unificar y presentar la región como
un todo.
(B) Una segunda tipología, centrada en áreas de
costa, es la formulada por Peck y Lepie (1977-1989) basada en
un estudio de pequeñas comunidades costeras de Carolina del Norte
(USA). Para ello partieron de tres criterios: (a) el tipo de
desarrollo, según su magnitud y velocidad; (b)
los impulsores del desarrollo (las bases del poder),
incluyendo propiedad de la tierra, fuentes de financiación,
ingresos locales y la relación entre tradiciones locales y
proyectos de desarrollo; y (c) los impactos sobre las comunidades
anfitrionas, expresados en términos de rentabilidad e impactos
sociales primarios. Con estos realizaron una triple categorización
del desarrollo turístico, ilustrada con sendas comunidades, en
crecimiento rápido, crecimiento lento y desarrollo transitorio.
Esta tipología, aparecida en el texto Host and
Guest (Anfitriones e Invitados) en 1977, es tal vez de
las más importantes y de mayor aplicación posible en el ámbito de
la antropología que estudia el turismo, permitiendo,
covenientemente acompañada por los tipos de turista que visitan las
áreas (ver tipologías según rol del turista), realizar
generalizaciones en el tratamiento del desarrollo espacial del
turismo y los efectos sobre las poblaciones locales.
CUADRO 2. Tipología del desarrollo turístico. Peck y Lepie
(1992:304).
Siguiendo a Peck y Lepie (1989:305), el crecimiento
rápido se produce Acuando las corporaciones adquieren grandes
terrenos, y a continuación operan la subdivisión de los mismos
para iniciar la construcción@. En este caso tanto los promotores
como, en la mayoría de las ocasiones, los compradores, la mano de
obra empleada en la construcción y la propiedad de los servicios,
son externos a la comunidad local, que se mantiene ajena a los
beneficios de desarrollo turístico. De resultados radicalmente
diferentes, al menos en principio, es el crecimiento lento.
En éste, la promoción de los terrenos es controlado por los
terratenientes locales y el desarrollo, ajeno a toda planificación,
incluye a los integrantes de la comunidad local; además, los recién
llegados, ya sea como mano de obra ya como inversores, suelen
integrarse en las estructuras de poder tradicionales. Por último,
el desarrollo transitorio está referido por los autores a un
Aturismo comercial de fin de semana y de *eventos concretos+, que
proporciona unos determinados ingresos por temporada@; este tipo de
desarrollo no necesita grandes inversiones y, en ocasiones, permite
y promueve la movilidad socioeconómica en la comunidad.
(C) Préau (1968 y 1970)
propone una clasificación basada en áreas alpinas (Alpes
franceses), concluyendo que el desarrollo del turismo se ve afectado
por tres factores: (a) el estado de la comunidad local cuando
comienza el desarrollo (tamaño, dinamismo, instalaciones); (b) el
ritmo del desarrollo (y si éste coincide o no con el crecimiento de
posibilidades de la comunidad local); y (c) las características del
lugar y las posibilidades técnicas y financieras para su
desarrollo. Con éstos, el autor, si bien reconoce que existen
situaciones intermedias, diferencia dos escenarios contrapuestos en
sus características: Chamonix (s.XIX) y Les Belleville. En
el primero de los casos, donde se daba un turismo estacional de
verano, se enfatizan las condiciones y factores locales que han sido
modificados después de su descubrimiento como atractivos turísticos.
La población local, muy implicada, se adapta de buena gana a la
actividad turística, funcionando ésta como el germen para el
desarrollo económico y social del área.
Un proceso radicalmente diferente sucedió en Les
Belleville (1970), donde el complejo turístico es concebida por
planificadores totalmente externos y ajenos al área y los
atractivos se concentran más en presentar una serie de
instalaciones funcionales que en los parajes naturales (reducidos a
características técnicas) o la identidad sociocultural local. La
población local sólo es tenida en cuenta en tanto que propietarios
de la tierra y como fuerza de trabajo
(D) Pearce (1986), tomando algunas ideas
expresadas en las tipologías anteriores, realiza una doble división:
el desarrollo integrado y el desarrollo catalítico. El desarrollo
integrado, implica sólo a un promotor o compañía con exclusión
del resto de los actores; la población local, al margen del
desarrollo, queda relegada a fuerza de trabajo ocasional para la
construcción y algunos servicios menores. Este tipo de desarrollo,
contando con importantes medios técnicos y financieros, suele ser rápido,
planificado y muy coordinado, teniendo como resultado complejos turísticos
funcionalmente especializados, aislados y dirigidos a turistas de
clase alta.
El desarrollo catalítico, al contrario que el
anterior, a partir de un promotor inicial,
las actividades llevadas a cabo van implicando a otras compañías
e individuos tanto locales como foráneos, es decir, la actividad
hace de catalizador para un desarrollo complementario simultáneo.
Resultando unos complejos turísticos injertados en los
pueblos o en áreas cercanas a éstos, con lo que la población
local se puede beneficiar de las actividades comerciales de los
turistas, generalmente de estatus socioeconómico más variado que
el anterior.
Estas clasificaciones, como otras, configuradas
esencialmente por geógrafos, si bien permiten al antropólogo su
utilización en el análisis de los espacios interferidos y le
capacita, en el momento de la comparación, para distinguir
claramente entre diversos núcleos, no incluye a los actores más
usuales del escenario turístico y, por tanto, quedan al margen
variables como encuentros, modo de organización social y económica,
estructura sociocultural del destino, etc., por lo que tendrán que
ser complementadas con otras que traten de interpretar el rol del
turista. Para ello, algunos investigadores han propuesto tipologías
que tratan de asistir su descripción y análisis, caracterizando
los diferentes >turismos= atendiendo a las características del
turista (nivel de instrucción, estilo de vida, ...), las características
del viaje (duración, país, ...), el modo de organización (en
grupo o individual), el tipo de servicio utilizado (modo de
transporte), el motivo del viaje (peregrinación, vacaciones,
descanso, ...) (Noronha, 1979) o la relación interactiva entre
anfitrión y huésped en los destinos.
Desde este punto de vista, corroborando la
importancia que tuvieron las primeras clasificaciones realizadas en
los años setenta, las
tipologías sobre el turismo pueden ser agrupadas en dos categorías
generales (Murphy, 1984:5; Lea, 1988:26):
(a) De tipo interaccional, que enfatizan las
relaciones entre los visitantes y las áreas de destino. Dentro de
estas se incluirán las de Cohen (1972:167-8), Wahab (1975:10) y
Smith (1977c:2-3)
(b) De tipo cognitivo-normativo, que analizan las
motivaciones previas al viaje, que serían las de Plog (1972) y
Cohen (1979).
Tipologías
de tipo interaccional (comportamentales).
(A) Cohen (1972:167-8) sugirió una
clasificación de los turistas basada sobre la afirmación de que
las experiencias de los turistas combinan varios grados de novedad
relacionados con lo familiar, la excitación del cambio entrelazada
con la seguridad de los hábitos cotidianos (Mathieson y Wall,
1986:19). Partiendo de ello, desarrolló una clasificación cuádruple
de las experiencias turísticas y los efectos de éstas sobre el
destino, diferenciando previamente entre viajeros
no-institucionalizados e institucionalizados.
Dentro de los primeros Cohen sitúa a los >drifter=
(vagabundos, turismo de mochila) que, en busca de entornos exóticos
y extraños en la periferia de los destinos turísticos de masas,
planean su propio viaje, evitando las atracciones turísticas en una
Acontra-vacación@ (Duysens, 1987:10). De esta forma, este tipo de
turismo escapa a la consideración de los estadistas, planificadores
y agencias de viaje, ocultándose en el sector informal de la economía
sumergida (Duysens, 1987:7). Su impacto sobre los destinos es mínimo,
debido tanto al bajo número de sus practicantes como a la filosofía
de integración en la cultura anfitriona que los mismos siguen,
compartiendo refugios, comidas, hábitos, etc. Paradójicamente,
este turismo, a veces llamado alternativo o hippies, constituyen la
avanzadilla del turismo institucionalizado de masas.
En la misma categoría de no institucionalizados están
los que llama >explorers= (exploradores). Se trata de
individuos que planifican su propio viaje tratando, como en el tipo
anterior, de evitar las atracciones turísticas tanto como les sea
posible, buscando el contacto necesario con los residentes para
satisfacer sus necesidades mínimas pero sin llegar a integrarse en
la vida local.
Los viajeros institucionalizados, mediatizando el
desplazamiento por agencias al efecto y siguiendo ofertas concretas,
son divididos por Cohen entre turismo de masas individual y turismo
de masas organizado. En el primero de ellos, turismo de masas
individual, los destinos son siempre de reconocido prestigio, es
decir, conocidos a nivel popular. La agencia se encargará de todos
los preparativos mayores del viaje, manteniendo el turista un cierto
control sobre su itinerario en el destino y reparto de su tiempo.
Sobre este tipo de turismo existe una creciente comercialización y
especialización en la demanda, reflejándose tales hechos a nivel
de impactos económico, físico y sociocultural.
Por otra parte, el turismo de masas organizado
está tipificado por el paquete de viaje en el que los itinerarios
son fijos, las paradas están planificadas y guiadas, y todas las
decisiones de cierta importancia se dejan al organizador. Esto
garantiza un alto grado de seguridad a los turistas, que no
abandonan en ningún momento el 'entorno burbuja' de lo familiar.
Para ellos se crean un nativo, una aldea, un arte, todo dentro de un
supuesto tipismo, es decir, un representación artificial de lo que
se pretende tradicional.
(B) Wahab (1975:10), expone algunas formas
diferentes de turismo de acuerdo con una amplia gama de variables
que incluyen: sexo, significado del transporte, localización geográfica,
edad, clase social y precios, etc. a partir de la cual clasifica el
turismo en cinco categorías: turismo recreacional, turismo
cultural, turismo de salud, turismo deportivo y turismo de
conferencias (Mathieson y Wall, 1986:18). Caracterizándose cada
uno de ellos, no ya por el nivel de organización, sino por el tipo
de actividad preferencial de los turistas en el destino.
(C) Valene Smith (1977c:2-3), incluyendo las
dos primeras categorías de Wahab, turismo recreacional y turismo
cultural, conforma una lista de cinco que se completan con turismo
histórico, turismo étnico y turismo medioambiental, definidas en términos
de la clase de movilidad de tiempo libre que prefiera el turista.
El turismo recreacional se asocia a menudo con
las cuatro >S=, es decir, sun (sol), sand (arena), sea (mar) y
sex (sexo), impulsados por >lo bonito= que se puede encontrar en
el destino y por el relax de >lo natural=, y promocionados por
atractivas imágenes de playas con palmerales, mares en azul
turquesa o bellos y torneados cuerpos al sol. Sus actividades en el
destino se centran en la participación en entretenimientos que van
desde la buena comida (>comida internacional disfrazada=) a las
muestras del tipismo y, por supuesto, el buen clima para disfrutar
de la playa y los parajes de 'interés turístico'. Se trata,
generalmente, de un turismo marcado por la estacionalidad, con lo
que los destinos que le son asignados se adaptan temporalmente tanto
con importación de fuerza de trabajo como con el cambio de
actividades laborales.
El turismo cultural incluye lo pintoresco o el
colorido local, un vestigio del estilo de vida tradicional campesino
(tejidos, alfarería, construcciones, etc.) que, tal vez, pueda
coincidir con el pasado de la cultura propia; añadiendo a ello unas
costumbres y un lenguaje diferente. Tratando de >informarse= lo
mejor posible sobre estos >otros=, el turista observa y participa
en comidas y fiestas rústicas, en el folklore e, incluso, en
deportes populares, donde siempre está presente la cámara fotográfica.
Buenos ejemplos de este tipo de turismo pueden ser encontrados en
España y Suramérica. Al tratarse de zonas que son fácilmente
accesibles, pueden darse serias tensiones entre turistas y locales,
que no suelen estar dispuestos a dejar su intimidad como un
atractivo público-turístico (según el punto de vista).
El turismo histórico se caracteriza por una
revisión de las glorias del pasado, representadas en los museos,
catedrales, monumentos y ruinas, que ven generalmente favorecida su
conservación gracias al interés despertado por estos viajes. Ahora
bien, el interés por el pasado no incluye a los anfitriones del
presente. Las relaciones de este tipo de turismo con los nativos están
a menudo marcadas por la impersonalidad y la separación física
entre clases, primando el intercambio económico. Para este tipo de
turismo abundan las excursiones guiadas (dándose al guía un trato
impersonal y económico) y los espectáculos de luz y sonido al modo
de Uxmal (Yucatán - México), en los que se dramatiza el pasado y
caída misteriosa de la ciudad.
En cuanto al turismo étnico, Smith lo propone
como aquel donde se comercializa con las costumbres curiosas y la
gente exótica, llevando al turista a los hogares y pueblos donde
pueden adquirir lo llamativo, a veces de importante valor en el arte
histórico (viajes para >conocer= los Tuareg, los indonesios de
Toraya, los indios panameños de San Blás, etc.), visitar aldeas
indígenas, degustar sus alimentos tradicionales, asistir a
>espectáculos= en los que se representan ceremonias y danzas típicas.
Por los elementos que caracterizan a este tipo de turismo,
generalmente está restringido a una élite poco numerosa, con lo
que el impacto es mínimo, al menos en principio.
Por último, el turismo medioambiental en
muchas ocasiones está asociado al turismo étnico y, de igual forma
que éste, representa un atractivo para las élites. En ambos casos,
parece que el principal atractivo del viaje es la >educación=,
pudiendo incluir bien visitas a fábricas artesanas, procesadoras de
productos vegetales, piscifactorías, etc. que muestren la adaptación
de la cultura material de un pueblo a su medio, bien visitas a zonas
lejanas como la Antártida, Alaska, Patagonia o Japón. Los
contactos con la cultura local, en este caso, son muy variados y
deben ser examinados en cada caso.
En el mismo artículo, que constituye la introducción
a Host and Guest, Smith (1977c:9; revisado en 1989 y
traducido en 1992) sugiere una tipología complementaria, en función
del número de turistas que acuda a un destino, sus espectativas y
su grado de adaptación a las normas locales, que comprende a:
(a) Exploradores, que viajan con deseo de
descubrir e interactuar con los anfitriones, aceptando las normas
locales. Por autodefinición son y se muestran ajenos al turismo en
sí, y Aestán emparentados@ con los antropólos tanto en su interés
por observar y participar, como por la tecnología que les acompaña
(desde grabadoras y cámaras fotográficas a radioteléfonos y
alimentos deshidratados). En términos numéricos son pocos y, por
ello, fácilmente acomodables en el entorno, tanto espacial como
social, sin fuertes modificaciones.
(b) Elite, viajan a lugares poco usuales,
viviendo representaciones nativas muchas veces pre-organizadas o
realizando viajes >exóticos= (y normalmente guiados) en canoa
por los ríos brasileños o en camiones a través del continente
africano, siempre en viajes organizados >turísticamente= a tal
fin. También poco numerosos y, si bien son más exigentes que los
>exploradores=, son fácilmente acomodables en viviendas locales,
compartiendo la dieta e >incomodidades= propias del lugar
(c) Excéntricos (ajeno a los circuitos), son poco comunes y tratan de
alejarse de la multitud, dando lugar a ciertas emociones y riesgos
semi-controlados (excursiones en solitario, itinerarios en carro por
Nepal, visita a la región Toraya para presenciar un ritual
funerario, etc.). Su impacto es prácticamente nulo debido a que se
acomodan fácilmente a las situaciones locales.
(d) Inusuales, son viajeros ocasionales con
preferencia por lugares por explorar, áreas aisladas y llevar a
cabo actividades ricas y >emocionantes= organizadas en grupo por
agencias al efecto (visitas a las reservas naturales de Kenia o a
los nativos Cuna en Panamá). Si bien en los destinos temporales sólo
necesitan de una estructura alojativa simple, dependen de una base
donde se contemplen todos los servicios. Con lo que su impacto hay
que verlo diferenciando entre su itinerario, siempre visitas
temporalmente cortas, y la base, donde los medios necesarios pueden
comenzar a afectar a la estructura socio-económica-física del
enclave.
(e) Masa incipiente, de flujo constante, son
aquellos viajes individuales o en pequeños grupos, donde se busca
una combinación de comodidad y autenticidad, mezclándose con
residentes de paso y dsifrutando de las características propias de
los destinos (comunmente ciudades como México, Nueva York o Madrid,
aunque pueden ser también incluidos en esta categoría los
veraniegos visitantes del Ártico). En cualquier caso los destinos
suelen ser ya áreas turísticas consolidadas y, en ocasiones, de
gran popularidad, con la consecuente demanda de bienes y servicios.
(f) Masa, con una afluencia continua de
visitantes, significa el gran salto hacia el desarrollo turístico
de aquellos lugares accesibles a la clase media (Hawaii o Acapulco
para los norteamericanos; Canarias, Azores o el Caribe para los españoles).
Con el incremento notable del número de viajeros, el turismo se
convierte en la mayor fuente de ingresos y, con ello, de una parte,
se diluyen los pocos lazos de relación, salvo el meramente
comercial, entre anfitriones e invitados; y, de otra, convierte a
los destinos en altamente dependientes de los ingresos y valores de
la clase media de las sociedades generadoras de turistas. Este tipo
de turismo modifica de manera considerablemente más notable la
escena local, pudiendo segmentar a la población (Smith, 1977a:68).
(g) Charter, muestra el triunfo de la
homogeneización y la estandarización de comodidades y servicios
turísticos para atender la llegada masiva de los buscadores del
buen clima, en un entorno nuevo pero familiar y relativamente
barato, con todo (hotel, comidas, excursiones y actividades
complementarias) pre-organizado. Con un trato guía-turista que
aparenta personalizar, en muchas ocasiones los turistas van
identificados por grupos con colores o escarapelas, son
continuamente contados, los autobuses numerados y se les recuerda
que, por motivos de organización, no se confundan de transporte,
cumplan con los horarios o no se separen de su grupo y guía.
Smith incorpora, de esta forma, los desarrollos del
mercado turístico no organizado y las implicaciones sociales del
altamente estructurado negocio charter, introducidos durante la década
de los sesenta. Ambos, Smith y Cohen, ven en los >explorer= y los
viajeros de élite los que menor impacto ejercen sobre las culturas
anfitrionas ya que, debido unas veces al bajo número de ellos y
otras a la filosofía turística que les es característica, estos
tipos de turismo ejercen casi un absoluto control sobre sus
decisiones, pudiendo estas adaptarse continuamente a las
circunstancias del entorno real del viaje. El turismo charter, en
cambio, con su viaje organizado y pagado por adelantado, exige
seguridad en el cumplimiento de lo descrito en lo ofertado por las
agencias que le venden el >viaje enlatado=, ello necesita tanto
una estructura de servicios y comercio como una importante inversión
de capital, todo lo cual repercute directamente sobre la organización
turística y estructura socioeconómica local del área de destino.
CUADRO 3.
Tipos de turista, número y su grado de adaptación a las
normas locales (Smith, 1992:32)
Tipologías
de tipo cognitivo-normativo (motivacionales).
En contraste con las anteriores tipologías, los
modelos cognitivo-normativos atienden a revelar las causas o
motivaciones del viaje. Los intentos de realizar clasificaciones de
las motivaciones del turista para iniciar el viaje han sido, hasta
el presente, variados en su contenido y extensos en exhaustividad,
pero también vanos en su intento de cubrir todas las posibles
combinaciones de pretextos o móviles que incitan al turista a
viajar. Así, MacIntosh (1986) concreta cuatro categorías
motivacionales: físicas (búsqueda de relajación, salud,
deportivas, placer, etc.), culturales (curiosidad por países,
gentes y lugares, por lo exótico, la arquitectura, la música,
experiencias específicas, etc.), personales (encuentros con nuevas
personas, hacer amigos o visitarlos, búsqueda de experiencias,
escape de lo cotidiano, peregrinaciones, viajar por puro placer,
etc.) y de prestigio y posición (conferencias, búsqueda de
contactos de negocios, moda, acrecentamiento del ego, etc.).
Una línea de clasificación motivacional diferente
lo muestran las tipologías de Plog (1972) y de Cohen (1979), que a
continuación reseñamos siguiendo a Murphy (1984) y Lea (1988), que
parten de la suposición de existencia de un >centro= carismático
de cada sociedad que representa sus valores y normas últimas, de
manera que los turistas podrán ser clasificados según su distancia
a dicho centro, es decir, sus motivaciones serán más comunes a su
sociedad de origen cuanto más cercanos al centro se encuentren.
(A) Plog (1972), siguiendo un continuum,
sugiere que una comunidad puede introducirse en el negocio turístico
con la llegada de un pequeño número de aventureros alocéntricos
o turismo existencial (independientes o, al menos, críticos
de las normas socialmente aceptadas), pero su impacto no será
excesivo debido a la escasa necesidad de servicios que éstos
demandan. Pero, con ellos, el área se podrá dar a conocer y, con
la posible llegada de un número superior de viajeros insertos en la
normativa social (turismo experimental), se desarrollarán
mejores servicios. El área de destino estará así preparada para
la recepción de un gran número de visitantes psicocéntricos (turismo
experiencial), constructores y portadores de las normas sociales
de la sociedad generadora, que la convertirán en un destino
popular, dependiente de la inversión extranjera y los empleos
creados por ella. Los nuevos visitantes deben encontrarse como en su
casa, con un completo lote de servicios y atracciones que poco tendrán
que ver con el entorno natural y social que encontraron los alocéntricos.
(B) Cohen (1979), distingue a los turistas en
términos de lo que para ellos significa el viaje, separando
claramente las visitas dirigidas al placer de aquellas que ponen el
énfasis sobre la peregrinación hacia una nueva experiencia
personal. En el caso de que el >centro espiritual= de atracción
sea puramente hedonístico, Cohen los denomina viajes de
diversión o recreacionales, según se trate de una ruptura con las
tensiones del trabajo o la visita sea un escape de la rutina diaria.
Frente a estos sitúa los tipos de turismo cuya motivación resulta
de alguna forma de peregrinación, esto es, viajeros que
solicitan una respuesta a través de las formas experienciales
(buscando la autenticidad en la vida de otras sociedades ya que la
propia la ha perdido), experimentales (experimentando con
estilos de vida diferentes al propio) o existenciales
(adquiriendo un nuevo >centro espiritual= como resultado de una
experiencia de viaje).
Tipología
motivacional-comportamental
Yiannakis y Gibson (1992), proponen una clasificación
que trata de combinar las tipologías de tipo interaccional y
cognitivo-normativo, partiendo de lo sugerido por Cohen (1979): que
el comportamiento turístico refleja la existencia de patrones
estables de motivación y que ambos, comportamiento y motivación,
distinguen y caracterizan las diferentes formas que puede tomar la
actividad turística, pudiendo darse una multitud de combinaciones e
influencias en la unión comportamiento-motivación.
El trabajo de Yiannakis y Gibson destaca por ser uno
de los pocos que intenta una operacionalización de la experiencia
turística, incluyendo las correlaciones existentes entre los roles
de los turistas, la satisfacción de sus necesidades y la enorme
serie de estructuras sociales en la que éstos se encuentran
enclavados. Distinguiendo entre catorce categorías (CUADRO #), en
su tipología se incluyen muchas de las anteriormente descritas,
pero además añaden otras como los antropólogos, los arqueólogos
y los periodistas, que si bien sus actividades y ocupaciones no están
claramente identificadas con el >turista=, tienen repercusiones y
comportamientos similares a algunos de los tipos identificados. Esto
sirve a los autores para afianzar su idea de que no todos los
viajeros pueden ser declarados >turistas=, pero no por los
comportamientos e impactos en los destinos sino, más bien, por las
motivaciones que subyacen al viaje mismo.
La investigación, desarrollada sobre entrevistas
telefónicas a una muestra de 521 individuos adultos, diferenciados
por edad, sexo y educación, concluye sugiriendo como hipótesis la
existencia de tres dimensiones bipolares (Yiannakis y Gibson,
1992:299): estimulación-tranquilidad, lo extraño-familiar y
estructura-independencia, entre las que podríamos situar cada uno
de los catorce tipos marcados. La localización de un rol particular
de turista en ese espacio tridimensional debería sugerir las
características de un destino óptimo para el mismo, con lo que
estudiando la demanda (motivación-comportamiento previsible por
rol) podrían ser definidos a priori y de manera específica los
factores claves e identificativos de los destinos creados o por
crear. Con ello, los autores subrayan la idea de que no es
suficiente estudiar los comportamientos de los turistas mientras están
de vacaciones, antes bien, tal tarea ha de ser complementada,
necesariamente, con la exploración de la preferencias de los
turistas potenciales y sus motivaciones para emprender el viaje.
CUADRO 4.
Esquema-resumen de clasificaciones del turismo los modelos
espacial, de interacción y cognitivo-normativos.
Esta clasificación, como exponente de los intentos
de operacionalización, predicción y aplicación >industrial= de
los análisis científico-sociales del turismo, puede mostrarnos
claramente cuáles son las líneas actuales en que se debaten los
intentos de tipologización de los turistas, sus comportamientos,
roles y motivaciones. Sin embargo, de una parte, sigue estando
circunscrita, como Yiannakis y Gibson reconocen (1992:292) a
individuos, turistas potenciales,
de características similares a las de la muestra, es decir,
por más extensa no es alegremente generalizable; y, de otra, queda
restringida al ámbito de la demanda, con lo que tampoco es fácilmente
comparable con otras tipogías al uso.
CUADRO 5.
Una tipología del ocio basada sobre los roles de los
turistas (Yiannakis y Gibson, 1992:291). Entrecorchetes de elaboración
propia.
Comparación
de tipologías y establecimiento metodológico de modelos.
A fin de disponer de una comparación (que no
combinación) de tipologías, hemos establecido un conjunto de
cuatro niveles de correlación, más una indicación de impactos,
con el que poder identificar (CUADRO 6), orientativamente según las
metas de la investigación, a qué tipo de turista/turismo nos
estamos refiriendo en cada momento y qué implicaciones de carácter
general pueden tener para los actores y el destino.
CUADRO 6.
Comparación de tipologías para investigación según
niveles de correlación. Elaboración propia.
De este modo, partiendo de las tipologías antedichas
se ha tomado como eje central, o primer nivel, el tipo de desarrollo
turístico del área de destino, asociándole a éste cuatro niveles
sucesivos. El segundo nivel clasifica el turismo según sea la forma
elegida del viaje, es decir, el nivel de organización y control
sobre el mismo; el tercero, dependiendo del número y frecuencia de
las visitas y su grado de adaptación; un cuarto, atendiendo a la
motivación y actividades predominantes desarrolladas en el destino;
y, por último, el grado de impacto de cada uno de los tres modelos
generales diseñados.
El primero de los modelos corresponde a destinos sin
desarrollo turístico o con un crecimiento lento (urbanístico y
comercial) del mismo. En muchas ocasiones una investigación de área
iniciada para el estudio de cualquier item clásico en antropología
(desde parentesco a entidades simbolicas o económicas) puede
hacernos evidente la presencia más o menos esporádica de
individuos foráneos y totalmente descontextualizados. Éstos suelen
ser pocos individuos y, dependiendo de los atractivos y características
propias de la zona, encontrarse de paso o pernoctar, generalmente
pocas noches, en la misma y, por ello, los efectos generados sobre
la población local, aunque variables y continuos, suelen ser mínimos.
Probablemente, desde el punto de vista de muchos antropólogos del
turismo, no tendría interés llevar a cabo estudios de áreas no
desarrolladas (y que en la mayoría de las ocasiones no lo serán a
medio plazo), sin embargo, su no consideración en investigaciones
antropológicas de otra índole puede llevarnos a serias
distorsiones en nuestros análisis y conclusiones. Sin pensar que el
turismo es el único generador de efectos, en algunas poblaciones
andinas o de las islas más alejadas del pacífico )cómo entender
ciertas variaciones -introducciones- de la cultura material? )cómo
los cambios en la ornamentación? )cómo la estereotipación de los
foráneos y, con ella, del mundo exterior al propio? etc.
El tipo de visitantes asociados con el modelo aquí
descrito corresponde a individuos que, en términos generales, se
interesa por y se adapta (o soporta) muy bien a las características
socioculturales del área, organizan su propio viaje (no utilizando
los canales convencionales de la >industria=) y ajusta el
tiempo/secuencia de disfrute de las actividades por las que optan a
sus propias apetencias. Si bien este proceso de desarrollo se
describirá posteriormente, en ocasiones la frecuencia de visitas de
este amplio tipo de turismo ha llevado, y lleva, a algunos
individuos residentes a emprender el desarrollo turístico del área
con un estilo de promoción que, con fondos provenientes del ahorro
familiar, se inicia con la restauración (Adar comidas@), sigue con
la creación de comercios de los tipos más insospechados, para
posteriormente acabar ofreciendo alojamiento. Caso aparte es el de
los empresarios foráneos que, previendo expansiones futuras,
realizan las inversiones pertinentes en proyectos de tipo
individual, normalmente sin ninguna clase de planificación global
del destino.
El modelo 2 gira en torno a los turistas que Smith
(1989) denominó >inusuales= y al gran olvidado de las tipologías
del turismo: el doméstico, caracterizado por ser una forma de viaje
familiar, de relativamente cortas distancias, muy estacional y con
viajes cada vez más intermediados -sobre todo a nivel de transporte
y alojamiento- por agencias, genera una forma de desarrollo turístico
Atransitorio@ (diferenciado por Peck y Lepie, 1989). Sin la
necesidad de grandes inversiones y de efectos económicos
generalmente muy positivos para la población local (principalmente
a través del comercio y el alojamiento), los impactos globales que
ocasiona pueden ser calificados de bajos y localizados espacial y
temporalmente, en tanto que son atraídos por lugares de vacación más
o menos concretos, no suelen relacionarse e integrarse con los
residentes fijos y su estancia o es de fin de semana o a lo sumo de
treinta días. Tal es el caso de muchos pueblos costeros cercanos a
grandes urbes u otros como Sámara y Coco en el Pacífico
Costarricense (descrito por Breton y otros, 1991) o como los del
litoral Mediterráneo (Siches i cuadra, 1990) o Les Valls d=Aneu en
el Pirineo Catalán (Jiménez Setó, 1996), que absorben gran parte
del turismo nacional. Como en el modelo anterior, la planificación
global del destino suele brillar por su ausencia, lo cual le anula
como destino internacional de cierta calidad.
Mención aparte merece, incluído en este modelo, el
denominado Aturismo rural@,
que planteado desde hace algunos años como modelo alternativo al
turismo de masas para países en desarrollo, está siendo utilizado,
además de para el fin previsto, como complementario a la oferta de
destinos masificados. En términos generales, el turismo rural se
debe atener a las premisas del desarrollo sostenible, generar
efectos eminentemente positivos, promoverse en áreas >no
invadidas=, incluir a la población local como >actores
culturales=, ser minoritario y promover, a través de encuentros
espontáneos y la participación, el contacto intercultural. Sin
embargo, nos son desconocidas las experiencias que han cumplido con
todas estas >normas de implantación=, antes bien, han aparecido
muchos problemas e implicaciones
socioculturales, pérdida de la propiedad, dependencia de las
subvenciones estatales y supraestatales, altos costes y baja
rentabilidad, que han sido sistemáticamente ignorados por sus
proponentes y defensores (Butler, 1992:40). Con todo, tales
problemas no invalidan este tipo de turismo que, aunque no es la
panacea del bienestar, puede ser planteado como una forma posible y
factible de desarrollo en ciertas áreas, siempre y cuando se atenga
a una planificación global previa de las áreas (que suelen ser de
extrema fragilidad), un control y corrección de impactos y evite la
dependencia exclusiva del mismo.
El tercer modelo de la correlación presentada, está
referido al turismo siempre intermediado y organizado por agencias y
tour-operadores, con un gran número de visitantes y de frecuencia
prácticamente continua, esto es, el turismo de masas individual o
incipiente, el masivo o de masa organizado (ambos descritos por
Cohen, 1972, y Smith, 1989) y el charter o de >paquete turístico=
(Smith, 1989), con preferencia -ya sea por propio interés del
turista o por motivos económicos- bien por áreas de recreo (playas
y lagos) y de salud (balnearios) bien por visitas monumentales,
arquitectónicas e históricas, si bien en la última década se ha
ido gestando una forma de turismo de masas que desarrollan su
actividad en torno a algún deporte. Con fuerte índice de impacto
global sobre las áreas y poblaciones de destino, está asociado,
salvo excepciones, a formas de desarrollo con un alto nivel de
planificación (sobre todo en sus comienzos), fuertes inversiones
externas y pérdida del control por la población local, que pasa a
formar parte de la fuerza de trabajo necesaria para el mantenimiento
del destino.
Esta clasificación por modelos, que ha sido útil a
nuestros alumnos para adoptar puntos de partida en sus estudios, sin
embargo, por definición no puede ser exhaustiva. Prácticamente en
toda investigación se ha de realizar, razonadamente, una determinación
sobre el terreno de tipos de turismo y turista que, si bien en
principio debe coincidir con los tipos antedichos, se ajuste tanto a
la realidad concreta del ámbito analizado como a las posibles
innovaciones o actualizaciones del mercado y la demanda. Para ello, se
han de manifestar claramente los criterios por los que se realiza la
clasificación y, en la medida de lo posible, identificar a los
actores implicados en el desarrollo turístico (gobiernos,
instituciones, promotores públicos y privados, población local,
etc.), además del espacio concreto (núcleo de destino) y áreas de
influencia.
(ver esquema)
Citado
por Pearce, D.G. (1986:15-16)
Pearce
(1986:20-22), ilustra su clasificación con los siguientes
ejemplos: Modelo integrado: estación de ski La Grande Plagne y
las marinas de Port Grimaud y Marines de Cogolin. Modelo catalítico:
estación de ski de Vars y balneario de Gréoux-les-Bains.
Aunque
también, en muchas ocasiones abusando del término, ecoturismo,
turismo participativo, turismo de áreas rurales, agroturismo,
turismo verde, turismo alternativo o por las actividades llevadas
a cabo en destino; cada cual lo ha denominado como más le convenía
o como lo hace la ley o reglamento del momento que otorga
permisos, subvenciones o genera planes de desarrollo.
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