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EL SISTEMA TURÍSTICO: GENERALIDADES Y ESPECIFICIDADES PARA ANTROPÓLOGOS
Del
libro: Antropología y turismo ¿Nuevas hordas, viejas culturas?.
Autor: Agustín Santana. Editorial Ariel. Barcelona. 1997. Páginas:
53-58.
El sistema turístico que presentamos es un modelo
conceptual de proceso formado por un conjunto de elementos ordenados
según sus funciones y, hasta cierto punto, localización espacial,
que se enlazan racionalmente entre sí por medio de los principios o
reglas del mercado (oferta, demanda y regulación), manteniendo a su
vez relaciones de intercambio con otros sistemas de diferente rango.
En cualquier caso ningún elemento del sistema se encuentra ni
aislado con respecto al resto ni desconectado del exterior. Es
precisamente esta característica de interdependencia constante la
que da al sistema turístico un alto grado de apertura, flexibilidad
y dinamismo, y, con ello, se constituye como readaptable a las
distintas condiciones del entorno (físico, sociocultural y económico),
dando cabida a nuevos problemas. Como todo sistema conceptual emana,
a través del análisis, de un sistema real y es paralelo, aunque no
correspondiente punto a punto, a él; es decir, el sistema no
reproduce fotográficamente la realidad del turismo (prácticamente
indefinida en su extensión, variedad y complejidad), sino que se
ajusta metodológica y simbólicamente para permitirnos la concreción
en el análisis y la comparación de los múltiples estudios de
caso, con lo que su importancia radica no tanto en mostrarnos
elementos o reducciones a una serie de elementos sino en servir de
herramienta a la investigación y marcar las diferentes
interconexiones posibles entre las variables implicadas.
LOS ELEMENTOS DEL SISTEMA
Desde la perspectiva expuesta, y basándonos en el
esquema propuesto por Mathieson y Wall (1986) y Lea (1988:16),
en el sistema turístico podemos distinguir tres grandes elementos
(CUADRO 8) que funcionarán, hasta cierto punto, como subsistemas,
estos son los denominados dinámico, estático y consecuencial.
(A) El elemento dinámico, implicando viaje o
desplazamiento, incluye a los componentes de las sociedades
generadoras de turistas, los individuos-turistas potenciales y su
proceso de conversión a unas formas determinadas de turismo. La
>demanda=, que constituye la variable principal del elemento dinámico,
es el número de personas que viajan o desean viajar (Mathieson y
Wall, 1990:28) y son éstas y sus usos de los servicios e
instalaciones creadas para la recreación los que hacen de
combustible al motor del propio sistema. La demanda, efectiva o
supresiva (aquellos que desean incorporarse al tren turístico pero
no pueden debido restricciones económicas o temporales), está
determinada por la facilidad de acceso a los transportes (haciendo
accesibles destinos lejanos), el aumento de los ingresos (generando
mayores posibilidades de consumo), elevación del nivel educativo
(desarrollando la curiosidad por conocer nuevas gentes y lugares y
experimentar situaciones no cotidianas) y el deseo de cambiar de la
vida cotidiana (rompiendo con el rol adscrito a cada cual en su
medio). En cualquier caso, sólo podrá existir la existencia de
demanda en una sociedad cuando ésta haya superado, con carácter
general, el nivel de renta necesario para satisfacer sus necesidades
básicas, de manera que se haga posible la detracción de una parte
de los ingresos para consumir ocio turístico. Así pues, una
distribución no equitativa de la renta (como lo sucedido en muchos
países en desarrollo), es decir, la concentración de riqueza en
unos estratos sociales muy determinados, imposibilitará la generación
extendida de demanda efectiva, restringiéndola a unos pocos
individuos al estilo de la >prehistoria= del turismo.
En principio, todo parece indicar que los diferentes
agentes y procesos de cambio, costumbres y modas de las sociedades
generadoras, influyen en la creación de un determinado tipo y forma
>idealizada= de destino deseado y solicitado por la demanda. Sin
embargo, no se suele tener en consideración la inducción realizada
sobre aquellos viajeros potenciales por el propio sistema y sus
agentes, que, previendo tales modas y procesos de cambio, diseñan y
ofertan un destino, una imagen concreta, que no sólo sirve como
producto comercial en venta sino que, a su vez, refuerza la producción
de estilos de vida determinados y, con ellos, la continuidad del
sistema social. Es decir, el sistema turístico es consecuente con
el tiempo histórico en el que se desarrolla pero, en la actualidad,
paralelamente constituye una de las variables principales que dan
forma a las sociedades (tanto en su versión de generadora como
anfitriona de turistas) y los estilos de vida de sus gentes.
Valgan como ejemplo la explosión del turismo de
masas en los años cincuenta y del >turismo verde= en Occidente
en la década de los ochenta, en ambos casos el sistema turístico
se acomoda y refuerza situaciones económico-sociales muy concretas
y, hasta cierto punto, contrapuestas. De una parte, en un momento de
auge económico y de refuerzo de la identidad europea y
norteamericana, la popularización del viaje, de los ocios con mucho
Sol, arena y diversión, profetizan un mundo unido en la democracia
y el consumo, en el que todas sus gentes podrán acercarse
temporalmente al estilo de vida de las élites sociales,
compartiendo destinos, disfrutando >de los mismos placeres= de
aquellas y sentir el placer de >estar allí= con un afán notorio
de distinción, dejando atrás el ritmo de la cadena de montaje y la
industrialización. De otra, en un tiempo histórico marcado por las
crisis económica, medioambiental e ideológica, la huida de las
muchedumbres y el contacto con la naturaleza, la tradición y el
pasado perdido, que refuerza la idea existencial de la
individualidad y la conciencia de unos >otros= (llámense
campesinos o aborígenes) a los que se le supone al borde de la
desaparición, y la concienciación de un medio natural que >hay
que conservar a toda costa=, de lo >verde=, el >reciclaje= y
el >desarrollo sostenible= de esos >otros=.
El sistema turístico asume el papel de válvula de
escape, de ruptura prometida con los ritmos cotidianos,
reconciliando a sus usuarios con las necesidades y/u obligaciones de
su sociedad de origen, justificando en parte el diseño productivo,
político e ideológico de la misma. De esta forma es capaz de
generar múltiples tipos o formas de turismo (ver capítulo II) que
se adapten a los deseos y posibilidades tanto, y como es obvio, de
la demanda efectiva, como de la supresiva (abaratamiento del viaje
con transportes no actualizados técnicamente, reutilización de
destinos secundarios -estancados o en recesión- o desplazamientos
de fin de semana), lo cual, en parte, es posible gracias a los rápidos
reajustes que puede realizar la estructura empresarial (la
>industria turística=).
Generalmente los antropólogos han omitido este
elemento en sus análisis, haciendo exclusivamente pequeñas
referencias a las tipologías de turistas y/o tipos de turismo. Esto
resulta, cuanto menos, paradójico, ya que es a partir de los
turistas potenciales y la cultura o subcultura de sus sociedades,
con sus expectativas, niveles socioeconómicos y necesidades de
esparcimiento, cuando se generan y regeneran las imágenes y
estereotipos que se superpondrán a las poblaciones de las áreas de
destino, que sí han constituido la base fundamental de tales
estudios desde la antropología.
(B) El elemento estático, en tanto que lo
referimos a la actividad y rapidez del primero, tiene por
componentes el destino como entorno global, la estructura
empresarial de acogida y los propios turistas y sus actividades. Es
en éste, vinculándolo al elemento consecuencial, en el que
se encuentran estrechamente ligados varios ítems ampliamente
estudiados por la antropología en otros contextos, tales como el
efecto demostración, el choque de culturas y la aculturación, los
niveles de desarrollo, simbología de los espacios, etc. confluyendo
con otros que representan un nuevo reto, como son las estructuras
empresariales, el consumo del espacio, los niveles de satisfacción,
el cruce de estereotipos, etc. a los que le han prestado más atención,
desde sus perspectivas disciplinares, sociólogos, psicólogos, geógrafos
y economistas, parcelando en extremo el objeto de estudio. La
preferencia antropológica por el elemento estático parece dada
porque es en él en el que se ponen de manifiesto, a través de los
encuentros turista/población local/empresa, las consecuencias
efectivas sobre los anfitriones, pero también por estar
estrechamente vinculado a áreas geográficas y poblaciones
que pueden ser delimitadas y, con ello, analizadas con los útiles y
técnicas comunes a nuestra disciplina.
En la práctica, el núcleo receptor o destino
se inicia, muy diferenciado en el turismo, pero conforme va
consolidando su recepción, va alterando sus estructuras generales (Fdez.
Fuster, 1985:63) al adaptarse a una población transitoria,
inestable y estacional, externamente basada y acompañada de
expectativas en torno al ocio y la vacación. Este es el entorno
donde, una vez captados, los turistas se ven sometidos a la
estructura empresarial, convirtiéndose definitivamente en
>materia prima= de la >industria=, factor catalizador de todo
el sistema, ya que a través de ella, de los productos y
estereotipos que ofrece o intermedia, se producen los encuentros de
visitantes y locales-residentes. Para su buen funcionamiento, la
estructura empresarial, con acciones previas y/o paralelas en el
elemento dinámico (promoción de destinos y captación de
clientes), debe contar con la tenencia en el destino no sólo de
medios técnicos, humanos y económicos sino también con el apoyo
institucional, haciendo patente la imbricación de las economías y
políticas nacionales (que deben realizar fuertes inversiones en la
adecuación de infraestructuras básicas) en el sistema turístico.
Pero además, la empresa turística es la,
supuestamente, más interesada en que se determinen los diferentes
niveles de carga y tolerancia del entorno promocionado, para
mantener y controlar que se cumpla la satisfacción de los
consumidores directos de sus servicios. Para ello es necesario un
conocimiento exhaustivo, además de las características socioeconómicas,
culturales y de expectativas de los visitantes, de la población
residente en el área, incluyendo variables como estructura demográfica
y social, organizaciones formales e informales, modos de vida, etc.
pudiendo de esta forma, de una parte, evitar rechazos y antagonismos
o la creación de grupos anti-turismo y, de otra, ofrecer a los
residentes fórmulas para un desarrollo integral, que no olvide sus
aspectos identitarios.
Sin embargo, y con escasez de tales análisis, la
realidad nos muestra como la relación que en los destinos se
produce es inversamente proporcional a lo acontecido en la generación
de turistas. Es decir, mientras que en aquella la mayor riqueza y
equidad en la distribución de la renta facilitaba la demanda, la
conversión de un área en receptora de turistas viene facilitada
por su pobreza y tales instituciones pasan, en la mayor parte de los
casos, a ser dependientes del sistema, careciendo o minimizando su
poder de decisión respecto al mismo.
El turista, unido a un destino por sus características
socioeconómicas (edad, sexo, nivel de ingresos, motivaciones,
disponibilidad de tiempo y dinero, percepción de recursos y tipo de
comportamiento), marcará la pauta del elemento estático, en tanto
que por su número, frecuencia de las visitas y nivel de uso de las
distintas atracciones, ejercerá una menor o mayor presión sobre el
recurso mismo y sobre la población anfitriona.
(C) El elemento consecuencial, impacto
resultante de los anteriores, incluye tanto a los efectos primarios,
ocasionados con el desarrollo inicial del turismo en un destino, como
los rutinarios, que suceden lentamente en comparación con los
anteriores pero de manera mucho más firme; además de los distintos
controles y correcciones efectuados, en su mayoría,
institucionalmente. Los efectos del turismo, desde el punto de vista
del sistema, no son una consecuencia directa de una causa específica
(las variaciones en cualquier elemento del sistema puede influir a
otro u otros de manera indirecta) y han de ser analizados como algo más
que los resultados de un hecho turístico. Los impactos, los cambios
netos en la sociedad anfitriona, serán pues generados por procesos o
secuencias de hechos ocurridos en el desarrollo turístico (la
concentración de turistas y la proliferación de bienes y servicios
asociados a la misma), emergiendo en forma de alteraciones del
comportamiento humano y su entorno físico habitual. Tales
alteraciones consideramos que provienen de las interacciones entre los
agentes del cambio (turistas y planificadores del turismo) y los
subsistemas sobre los que ellos actúan, que han de complementar las
necesidades corrientes con la satisfacción de los deseos de ocio (Jafari,
1987:6) de esos >otros= llegados de fuera.
En términos generales, y aunque es necesario
reconocer que a efectos de análisis ni todas las variables del
sistema mantienen el mismo grado de influencia, ni todas pueden
cuantificarse con la misma facilidad, el sistema facilita el examen
explícito de: los elementos que lo componen (turismo, turista,
locales, etc.); el grupo de variables y sus interrelaciones, así como
la forma en que ellas influyen en la naturaleza, dirección y magnitud
de los impactos del turismo; qué elementos permanecen e interactúan
con los demás; qué impactos operan continuamente, aunque cambien con
el tiempo y con las variaciones estructurales de la misma actividad
turística; qué intercambios resultan de un complejo proceso de
relación entre turistas, comunidades anfitrionas y el entorno del
destino; una valoración que abarca todas las fases de experiencia del
viaje, incluyendo los preparativos iniciales, el viaje a y desde el
destino, la estancia y el post-viaje; además de qué impactos
resultan del proceso de cambio y las distintas vías de control del
desarrollo turístico. Sin embargo, tal conjunto de
elementos han de ser conjugados
con dos nuevas variables relacionales, generalmente no contempladas,
que son las culturas o subculturas implicadas y la imagen
del destino.
Lieper
(1979: 403-4) identifica los siguientes elementos: área
generadora, turistas, rutas de tránsito (viajes), regiones de
destino, estructura turística, anfitriones y relaciones de
impacto físico, político, social, económico,
tecnológico y sus interacciones.
Entendemos
que un >destino=
es un lugar que tiene unas características que son conocidas por
un número suficiente de visitantes potenciales, atrayendo
viajeros. Son de interés el medio natural/artificial, la
infraestructura, la estructura económica y los atributos
estereotipados de la población anfitriona. El destino, una vez
reconocido como tal, entra en competición con otros, tanto de su
entorno geográfico cercano como lejano, que le hacen por definición
inestable.
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